5.3 Parte 4


Santa Sofía brillaba en la mañana de Constantinopla y por delante se extendía un patio ancho como un río que los arrastró al interior. Los vitrales de las ventanas teñían la luz del sol de un azul profundo que contrastaba con el oro del decorado. -Guau, digo miau,-dijo Mistófelis-, Esto sí que es hermoso.¡Hey! ¡Ahí está el monje!

Mistófelis tenía un gran instinto, así que ni bien vio a aquel personaje anciano todo vestido de negro y de capucha, se dio cuenta de que se trataba de Teodoreto de Ciro.

Teodoreto, estaba concentrado en sus oraciones, así que no los vio acercarse. Cuando los dos amigos estuvieron lo bastante cerca, Mistófelis dio un salto y se bajó al banco justo al lado del monje, que por supuesto, dio un brinco de susto. La gatita lo miró y le susurró -Bueno no es para tanto. ¿Teodorero de Ciro? Teodoreto suspiró y dijo que sí con la cabeza. -Si sabés leer, leete esto y vamos que Teodora no espera y China parece que queda más lejos que no sé qué.